Diario en un país que cambia a diario, pero pa´lante I

Querido Diario, he tomado la decisión de comenzar a escribirte, porque nuestro país, nuestra gente, últimamente hemos perdido los cabales de la cordialidad, el respeto a las diferencias, a la diversidad de pensamiento, hemos perdido eso que nos unificaba y nos hacía persistente por encima de cualquier dificultad, eso inevitablemente incide en nuestras rutinas porque nos debemos reprimir de opinar porque nos intentan cercenar el derecho a hacerlo. 

Quisiera empezar relatando cosas bonitas y de optimismo, pero creo que el sentido de escribir un diario es partir de las experiencias que nos suceden a diario, y como a diario nuestra dinámica varía me toca hacer el resumen de lo que ocupa mis emociones en este momento, y lo que las ocupa no es precisamente algo positivo.

En estos días, me encontraba en una camioneta desde el éste hacia el oeste, repentinamente sube una señora no tan mayor, una de esas mujeres que uno la mira y dice ¡esa es una mujer echada pa´ lante! detrás de ella, muy cautelosos de no levantar sospecha alguna ni dejar mal aspecto se suben al rededor de cinco jóvenes, entre ellos, uno que no pasaba los dieciocho años, además le acompañaban una mujer joven con un bebé recién de meses en brazos. 

La camioneta comienza a circular, de repente se oye un sollozo de resistencia y palabreos en voz muy baja, la señora se resistía a que le quitaran la cartera con el dinero que probablemente había sacado del banco. Al pasar una parada de estas de uno de los millones de planes que han habido, a eso de 300 a 350 metros, se bajan muy tranquilamente con pistola en mano, haciendo que el chofer se parara sin mirarlos, al bajarse el principal delincuente, le acompañaban otros cuatro más y la joven con la bebé de brazos, quien lanza improperios contra el chofer y los que veníamos delante para que no se nos ocurriera decir nada. 

Al continuar el bus su curso normal, el señor chofer como que no asimiló la cosa o se hizo el “yo no vi” y se levantó la víctima, chorreada en sangre, pues le habían dado un golpe con la pistola, casi desmayada decide bajarse para pedir ayuda. Detrás de ella nos bajamos no más de tres o cuatro personas a solicitar el apoyo a otro puesto de la guardia cercano, quienes no lograban reaccionar oportunamente, en medio de esto uno de los pasajeros les reclama con voz eufórica, molesta y descontrolada pues ignoraban el decaimiento de la joven golpeada y ensangrentada, y el robo de sus pertenencias metros antes. El guardia se encontraba solo en el puesto y al no soportar los reclamos dice “siéntense ustedes aquí y trabajen pues, no ven que estoy solo, no puedo hacer nada”.

Hay una moraleja en todo esto, y parto de preguntas ¿Cómo no reaccionó a tiempo y oportunamente los casi 30 pasajeros que iban en el bus? ¿Hemos perdido el sentido y la sensibilidad por el otro? ¿Mientras no sea con nosotros, no nos importa que casi maten a otra persona a nuestro lado solo para no aparecer en la escena? ¿Estamos atados o no queremos reaccionar? ¿Se parece esta situación a lo que vive nuestro país? Hay mucho que pensar y reflexionar querido diario… en otra oportunidad será.

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