En el salón todos tienen Blackberry

 

Los niños y adolescentes de Venezuela se caracterizan, en comparación con otros de la región, por hacer un uso intensivo de los teléfonos celulares, entre los que se incluyen los aparatos de última generación 

 

24 de febrero 2010 | 06:49 am – Luz Marina Martínez

 

Adolescentes estudiantes de bachillerato con sus celulares | Henry Delgado
 
“Tengo un Blackberry porque es el equipo más fácil de usar, hasta puedo enviar fotos en cinco minutos. También ahorro, pues con una tarjeta tengo más segundos para hablar, enviar mensajes, chatear y, además, ver los trabajos que me mandan del colegio”.

Esas son las ventajas que una adolescente de 17 años de edad le asigna a los dispositivos de telefonía celular de alta tecnología, que fueron diseñados especialmente para el mundo corporativo, para aquellos que trabajan en grandes empresas y necesitan mantenerse informados ­vía correo electrónico a través de una red inalámbrica­, pero de cuyo uso se han adueñado niños y adolescentes en el país.

El precio al que se cotizan esos equipos en el mercado supera los 1.000 bolívares y puede llegar hasta 5.000. No obstante, su utilización se ha masificado, al punto de que para muchos adolescentes venezolanos el Blackberry es sinónimo de reconocimiento social.

De acuerdo con el proyecto Generaciones Interactivas en Iberoamérica de la Fundación Telefónica, mediante el que se consultó, de octubre de 2007 a junio de 2008, a 25.467 escolares de Argentina Brasil, Chile, Colombia, Perú y Venezuela, los niños y adolescentes del país se caracterizan, en comparación con otros de la región, por hacer un uso intensivo de los teléfonos celulares, entre los que se incluyen los aparatos de última generación

En Venezuela, la cantidad de líneas móviles es casi igual al número de habitantes, por ello el venezolano es considerado un consumidor muy receptivo a las nuevas tecnologías.

Las razones que dan los adolescentes para pedir a sus padres un equipo de última generación es la facilidad con que permite comunicarse, pues el sistema de mensajes del Blackberry es una herramienta más efectiva que un mensaje de texto.

“Yo le rogué a mi abuela que me lo comprara. Me gusta porque puedo usar el pin (número de identificación del equipo) para enviar mensajes, el wi-fi (conexión inalámbrica a Internet) y subir fotos al Facebook.

Mi papá y su novia lo tienen y también todos mis amigos. De 35 alumnos que hay en mi salón, 25 lo usan. Mi plan es prepago y mi abuela es la que lo cancela. No tengo miedo de que me lo roben. Si tú andas pendiente de eso, sí te lo van a robar. No me da temor sacarlo en cualquier sitio”, dijo una adolescente de 15 años de edad, cursante del noveno grado de educación básica.

Control a distancia. “Lo uso porque puedo comunicarme con mi papá, que vive en Inglaterra. Me sirve para ver las cosas del colegio y comunicarme con mis amigos. Mi mamá tenía uno, y se lo robaron. Casi todos en el salón tienen Blackberry, menos dos. A algunos profesores no les importa si los usamos en clase”, afirma una estudiante de cuarto año de bachillerato.

Oscar Misle, director de la organización no gubernamental de atención a la infancia Cecodap y terapeuta familiar, subraya que algunos padres acceden a dar ese tipo de dispositivo móvil a sus hijos para mitigar el escaso tiempo que les dedican: “Muchas veces, para atenuar la culpa por no verlos lo suficiente o porque están separados de sus parejas optan por comprarles esos teléfonos. Además, el adolescente manipula”.

“Este teléfono me lo compró mi papá en el exterior, y me gusta por la facilidad para transmitir los mensajes, por el GPS y porque me facilita las cosas. No me da miedo que me lo roben, pero no lo saco en cualquier parte”, dice un joven de quinto año de bachillerato que tiene un Blackberry Storm 9.500, que se cotiza entre 4.000 y 5.000 bolívares en Internet.

“Tengo un Blackberry porque mi papá vive fuera de Venezuela, y por el pin nos podemos comunicar más. Él me lo compró. Yo me resistía a tener uno porque eso no te hace mejor o peor persona. En la calle casi no lo saco porque me da miedo que me lo roben, sólo lo hago cuando estoy en lugares donde me siento seguro.

Cuando estoy en sitios donde me aburro, lo saco y me distraigo”, manifestó un alumno de cuarto año de bachillerato, de 16 años de edad.

Uso y abuso. Misle asegura que la moda de los Blackberry y de los teléfonos inteligen- tes se sustenta en el reconocimiento social, en el estatus que buscan ocupar los niños y adolescentes al exhibirlos y en que les permite entretenerse sin salir de casa.

Explica que otros factores que influyen para que se sientan atraídos por esa tecnología son la posibilidad de tener acceso a redes sociales, la comunicación rápida a través del pin y la sensación de compañía. “El Blackberry permite la comunicación a quienes se sienten solos. Lo malo es que pueden entrar en páginas web no adecuadas”, advierte.

Para el director de Cecodap, el gusto por esos equipos se basa en un patrón de conducta familiar, y por ello los padres tienen una enorme responsabilidad en el uso que hagan los niños y adolescentes con el teléfono. Recomienda a los progenitores que conozcan el aparato y los orienten sobre su uso.

Vicky Durán, psiquiatra infantil, explica que es necesario asumir una actitud balanceada entre lo que desean los hijos, los costos de esos deseos y la seguridad personal.

Hay que mantener una comunicación para protegerlos de los excesos”.

 

Fuente: http://www.el-nacional.com/www/site/p_contenido.php?q=nodo/124375/Tecnolog%C3%ADa/En-el-sal%C3%B3n-todos-tienen-Blackberry

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