Libertad de expresión en la red

Uno de los problemas a los que se enfrenta la libertad de expresión en los países democráticos surge de la preocupación de los gobiernos por el control de los contenidos que circulan a través de Internet. Y una de las claves que articula la acción de los gobiernos en ese sentido es la no distinción entre contenidos ilegales y contenidos inadecuados. Es habitual que en nombre de la protección, de la niñez y la adolescencia, se propugnen mecanismos que limitan el acceso a ciertas páginas de contenido inadecuado (pornografía, material para adultos, etc.).

El problema está en que esta operación precisa un sistema de clasificación de contenidos, lo que en la práctica resulta inviable dado el enorme crecimiento del número de páginas y la diversidad de categorías que presentan. Al final, los filtros de clasificación acaban prohibiendo el acceso a sitios que no tienen nada que ver con información sensible.

Sin embargo la utilidad de estos sistemas está limitada a ciertas partes de Internet, pues han sido diseñados para la las páginas web, pero no sirven en otros sistemas de comunicaciones de Internet, tales como los entornos de charla (chat), los servidores de transferencia de ficheros (FTP), los grupos de discusión, los sistemas de audio y video, que pueden incluir transmisiones de sonido e imágenes en directo, la telefonía Internet, y, finalmente, los sistemas de correo electrónico. Estos sistemas no pueden ser clasificados, por consiguiente, la presunción de que los sistemas de clasificación pueden hacer de Internet un entorno más seguro para los niños, niñas y adolescentes es errónea, pues el contenido de las webs representa sólo una fracción de todo el contenido. Incluso cuando la tecnología de clasificación sea aplicable, no está claro qué tienen en la cabeza los reguladores respecto a qué tipo de contenido debe ser clasificado. Por ejemplo, según “Internet Watch Foundation”, existe “toda una categoría de asuntos peligrosos” que requiere clasificaciones y existe información relacionada con las drogas, el sexo, la violencia, información sobre deportes peligrosos como el “puenting” y materiales con ideologías que fomentan el odio, y sin embargo pueden acceder libremente. Por lo tanto, los sistemas de clasificación no serán, de ninguna forma, una solución completa al contenido considerado nocivo para los niños, niñas y adolescentes

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